En un eventual gobierno del FA “va a haber –dijo a Búsqueda (14/10) el senador José Mujica– una oposición fuerte de los sectores que durante años se beneficiaron del modelo económico antinacional” que responde a empresas vinculadas “a la importación y a la intermediación”. Fíjense ustedes: pocos días atrás yo me quejaba de que el FA nos retaceaba información sobre sus intenciones de gobierno; pero he aquí una porción nada desdeñable de lo que buscábamos, la cual nos remite a dos órdenes distintos de cuestiones gubernamentales. Vayamos, pues, por partes.
La primera la entendemos referida a política comercial. Nos informa, a su indirecta manera, que debemos esperar una nueva ola de proteccionismo, o de “nacionalismo” arancelario. Dirigido desde una perspectiva en la cual la tímida apertura comercial de nuestro país se percibe como un “modelo neoliberal”, que durante años “significó la reducción del aparato productivo, la destrucción del trabajo y la reducción del ingreso de la mayor parte de los uruguayos, así como la caída sustantiva del mercado y el comercio interno.” En vista de ello, ¿qué medidas se propone adoptar el EP-FA si llega al gobierno? No nos lo dice el senador, porque su exposición parte de la oposición que los importadores ensayarán frente a esas medidas. Solo nos dice que se opondrían a medidas que los afectarían, y que la oposición sería dura, al punto de exigir “la movilización” para neutralizarla. Pero dejemos por el momento de lado este imaginario enfrentamiento, y esbocemos algún comentario sobre la política comercial que el EP-FA adoptaría, la cual, pese a no informársenos directamente, indirectamente podemos inferir se trataría de una nueva clausura de nuestra economía. ¡Pobre Uruguay! Cuando era uno de los países más ricos del mundo, en el último cuarto del siglo XIX, el militarismo comenzó a hacerle transitar esa orientación hacia la clausura, que Batlle y Ordóñez a principios del XX enfatizó. Luego de la única recuperación en la década de los 1920, libre por fin de gobernantes que persistieran en el mismo craso error, la Gran Depresión volvió a suscitar el encierro y sumirnos en la miseria. Después de la 2ª Guerra Mundial, el batllismo volvió a las andadas y, mientras a partir de 1955 –cuando se libera el comercio y las finanzas en casi todo el mundo, nosotros reducidos a ser una de las contadas excepciones– padecimos un inusitado estancamiento de 20 años, mientras la economía mundial ostentaba el lapso más brillante de todos los tiempos, en materia de crecimiento real así como de las exportaciones. Sólo la eliminación del control de cambios en 1974 nos permitió recuperar una tasa de desarrollo normal. Y ahora, víctimas de crisis exógenas, a las que nosotros contribuimos a través de nuestro gasto público exorbitante y empresas públicas monopólicas, así como terriblemente ineficientes, se volvería a diagnosticarnos erróneamente el mismo mal, y a aplicársenos medicinas que solo podrían agravar nuestra condición. ¡Pobre Uruguay!
Al senador Mujica, si pudiera, le haría una pregunta: ¿dónde dejó la sencillez y la humildad de que hizo gala al escribir con Rodrigo Arocena Cuando la izquierda gobierne? Ese libro vio la luz hace menos de un año. En aquel tiempo Mujica decía: “Creo que tenemos una izquierda muy grande numéricamente, que emprendió hace tiempo un camino bastante inédito a nivel de las izquierdas del mundo [...] Esa fórmula demostró que sirve políticamente para transformarse en una opción, pero aún tendrá que demostrar si sirve para gobernar.” Ahora, sin embargo, suena como si supiera todas las respuestas. Arocena, su compañero de autoría, proponía reflexionar sobre “si una combinación inesperada entre el socialismo y el liberalismo bien entendido no es lo que realmente queremos.” Pero ahora su socio repite los lugares comunes más manidos sobre esa ficción que es el “modelo neoliberal”. Yo le aseguro que si su gente da examen sobre capacidad para gobernar con el enfoque que usó en la entrevista de Búsqueda, el juicio de la Historia será de franca reprobación. Y la suerte del pueblo, aunque ello les haga sangrar los corazones, peor que ahora. Vea lo que ha significado el socialismo para el pobre pueblo cubano
Mire en su derredor. Apreciará que todos los países de alta tasa de desarrollo tienen economías abiertas al exterior y viceversa respecto de los países estancados. China, Irlanda, India, Corea del Sur, Malasia, Taiwán y Chile mostraron, entre 1980 y 2002, una tasa media de crecimiento anual del PBI de 4,7%; por contraste, en el mismo lapso, Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela, Rusia, Rumania y Bulgaria promediaron 0% de crecimiento. En el grupo que crece el comercio (exp. + imp.)/PBI promediaron el 74%, 38% tomando solo exportaciones. En el grupo estancado la relación comercio/PBI fue de 47%; 24% tomando solo exportaciones. ¿A quién pueden quedarle dudas que lo que hay que hacer con la economía uruguaya es abrirla mucho más, en vez de clausurarla?
Volvamos ahora al método al cual, el senador anunció, se sometería a importadores e intermediadores una vez que se les aplicasen las políticas destinadas a poner fin a su situación escandalosamente privilegiada, resultante del “modelo económico antinacional”. Ese método consistiría en apelar a la “movilización”. ¿Qué significa esto? En el marco de la Constitución de la República, no significa absolutamente nada. Resuelta por el gobierno una medida, por ley o por decreto, según sea el caso, los destinatarios, salvas las defensas jurídicas que pudiesen tener por concepto de recursos de inconstitucionalidad o ilegalidad, los involucrados en las resoluciones de los poderes públicos deberían cumplir lo ordenado por aquella, y la Justicia o la Administración, según el caso, contarían con medios para ejecutarlas, eventualmente involucrando la responsabilidad civil o penal de los obligados en rebeldía. ¿Qué puede agregar a ello que se movilicen agentes ad-hoc para quebrar resistencias al margen de la ley? ¿Habrá querido insinuar que él y su gente, en punto a aplicar las medidas aprobadas por sus órganos partidarios, no proyectan dejarse trabar por argucias ni chicanas? No pretendo intimidar a José Mujica enarbolando la Constitución. Es notorio que su tarea cotidiana durante años consistió en tratar de derribar las autoridades constitucionales y mofarse de las normas contenidas en la Carta; pero creo que, hasta hace poco, tal vez hasta la entrevista de prensa a que he aludido, estaba tratando de crear para sí y su grupo una nueva imagen. Para concluir, me parece del caso encarecerle tener presente que las constituciones cobran fuerza a través de su cumplimiento estricto a través de décadas, siglos de ser posible e, inversamente, su cotidiano desconocimiento las vuelven extremadamente frágiles. Sobre este punto, no creo que sea materia de discusión que el descaecimiento de la Constitución por doce años a partir de junio de 1973 difícilmente se habría concretado a no ser por las violaciones en que el MLN y otros movimientos menores incurrieron, un día tras otro, por algo así como siete años.