Europa y el Cristianismo

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LA HISTORIA DE EUROPA DEJA A TRAVÉS DE LOS SIGLOS UNA ESTELA EN LA CUAL EL CRISTIANISMO NUNCA HA SIDO ECLIPSADO.

Las grandes religiones”, ha sostenido Christopher Dawson, son los cimientos sobre los cuales se yerguen las grandes civilizaciones. De las cinco “religiones universales” que enumera Max Weber, cuatro –el Cristianismo, el Islam, el Hinduismo y el Confucianismo– se hallan asociadas con grandes civilizaciones (no así el Budismo). Obviamente la asociación del Cristianismo es con la Occidental y la Ortodoxa, lo que significa, en lo geográfico, con Europa y América, con esta a través de aquella. De ahí que el vínculo entre Cristianismo y Europa sea innegable. De ahí, por lo mismo, que debe haber surgido la iniciativa de Juan Pablo II, en cuanto a señalar que ese lazo merecía una mención en el preámbulo de la carta fundacional europea. Bruselas ha dicho que no, pero eso no nos quita a los simples mortales el derecho de opinar, en un sentido u otro.

En contra se ha expedido Mario Vargas Llosa, en un artículo aparecido en Búsqueda (16/12/04), que semanas atrás ya tuve ocasión de glosar desde esta misma página. El prestigioso ensayista se pregunta cuáles son, o deberían ser, las señales de identidad o valores esencialmente europeos. Y continúa de esta manera: “Quienes sostienen que el cristianismo es el rasgo definitorio y sustancial del carácter europeo se ven en apuros para conciliar aquella tradición con el espíritu de las luces y las consecuencias de la Ilustración, hija del viejo continente y fuente nutricia del laicismo, los derechos humanos y la democracia, nacidos en gran medida, contra la oposición pugnaz del tradicionalismo católico.”

Diríase que Vargas Llosa entiende que lo que está en discusión son los pecados y virtudes de la Iglesia Católica, lo que no es el caso. Lo que está en discusión es si el desarrollo de una cultura occidental estuvo o no influido fundamentalmente por el Cristianismo. No solo católico sino también ortodoxo griego, y protestante. Que las autoridades de las distintas iglesias son, en parte al menos, obra de hombres y mujeres, y como tales sujetas a corrupción, es algo que ha sido reconocido reiteradamente por los líderes de estas comunidades, notablemente por Juan Pablo II. Bastaría recordar la canonización de Juana de Arco, ejecutada previa condena de la inquisición católica, para destacar la relatividad del enfoque de Vargas. ¿El catolicismo en la vanguardia contra los derechos humanos? Habría que darle vista a Santo Tomás Moro para que comentara esa tesis. O contrastar las víctimas cristianas de los totalitarismos contra las víctimas de la Inquisición. La referencia a la Ilustración me parece decididamente descaminada en el contexto de que se trata.

Al respecto se distinguen dos planos a transitar. Obviamente, el filosófico excede en sus requerimientos de espacio las posibilidades de esta página. Pero recomiendo al lector la lectura del capítulo IV de “Filosofía de la Ilustración” de Ernst Cassirer, donde advertirá que ni siquiera la crítica de la raison al dogma del pecado original queda, gracias al genio de Pascal, exento de una respuesta vigorosa. Luego tenemos el plano de debate, diríamos, político, donde un enjambre de ensayistas de los más diversos niveles la emprenden contra la religión, alistados tras la bandera volteriana de écraser l’infame. Lo que cabe anotar en conjunto es que los escritores ilustrados eran los intelectuales de la época, alistados en una gran cruzada, semejante a la que tantísimos intelectuales contemporáneos emprendieron, siguiendo, por ejemplo a Sartre, contra las instituciones liberales. Si lo hacían es porque las ideas que les estorbaban disfrutaban de considerable apoyo. De lo contrario no habrían comprometido sus esfuerzos en esa dirección. Análogamente, el partido de las luces atacaba un adversario que contaba con amplia mayoría. Y de eso es que en este artículo se trata: de que el partido cristiano es ampliamente mayoritario, al punto de ser preciso incluirlo en un retrato cultural de Europa.

No discuto si, en la actualidad, ese rasgo cultural se mantiene o se atenúa. Menos aún hago pronósticos para un futuro indefinido. En el propio Evangelio –en lo que me parece ser la afirmación más radical y más dramática de la libertad del hombre que contienen las Sagradas Escrituras– se deja abierta la cuestión sobre si la fe ha de persistir hasta el fin de los tiempos (Lucas, 18, 8). Pero el tema es si la historia de Europa, tal como podemos divisarla a principios del nuevo Milenio, deja a través de los siglos una estela en la cual el Cristianismo nunca ha sido eclipsado.

No puedo resistir la tentación de incluir una anécdota personal, afín al tema que estamos considerando, cuyo recuerdo me es particularmente caro. Hace unos años mi mujer y yo estábamos en Creta, en un balneario llamado San Nicolás. Un domingo, buscando un templo donde oír misa y, habiéndonos desorientado respecto a las indicaciones recibidas en el hotel, detuve el auto en una aldea, a fin de inquirir de dos campesinas, que llevaban las cabezas cubiertas con las clásicas pañoletas negras, y, en mi griego elemental, les pregunté cómo podríamos llegar a la iglesia que buscábamos. Las dos nos miraron con curiosidad, y nos preguntaron: Iste katholikí? (¿Sois católicos?) y cuando respondí que sí, vimos dibujárseles en los rostros sendas sonrisas amistosas, exclamando ambas de inmediato “¡Bravo Bravo!” Y en seguida nos comunicaron con la mayor paciencia las señas que necesitábamos. Mi primera reacción fue de extrañeza. ¿Qué importancia podía tener, para aquellas dos mujeres obviamente ortodoxas, que nosotros fuésemos católicos? Hasta que di en pensar que, para ellas, acostumbradas a ver a turistas (en gran mayoría noreuropeos) cuyos atuendos, o falta de ellos, las escandalizaban a diario, y que debían adscribirlos a un mundo sin Dios, el que dos turistas se declarasen cristianos debía ser una experiencia digna de atención. Tal vez se dijesen: Si hay turistas creyentes, aunque no sean más que dos, todo no está perdido

Ellas eran –me dije, recurriendo a la imagen norteamericana– “raíces de la hierba” (grassroots)– y desterrar la fe de su habitat no va a ser cosa fácil.

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