Dr. Jekyll & Mr. Hyde

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LO IMPORTANTE, COMO SIN DUDA LO OBSERVARÁ EL LECTOR, ES SABER QUIÉN HABLA EN CADA CASO.

Me atrevo a pensar que la mayoría de los lectores reconocerán los dos nombres del título, surgidos de la célebre novela de Robert Louis Stevenson; nombres de dos personajes, aunque sólo de una persona, ya que la dupla representa el caso más famoso de doble personalidad en la historia de la literatura. El Dr. Jekyll, médico, hombre culto y refinado, podía convertirse instantáneamente en Mr. Hyde, sujeto tosco y potencialmente violento. Personalidad dual sumamente extraña, desde el punto de vista psicológico, pero no tanto en política, donde, ocasionalmente, oímos a un personaje pronunciar un discurso conforme a sus verdaderas convicciones, impulsado por la fuerza moral de la verdad, mientras, en otras oportunidades, asistimos a la misma individualidad expresando ideas que contradicen las auténticamente suyas, bajo la presión de correligionarios que no pueden consentir que se silencien viejos postulados de su común partido. Habiendo accedido a contradecirse el expositor, al creer que el poder ínsito en la bondad de su pensamiento no alcanzaría para convertirlo en realidad sin la colaboración ni los votos de sus correligionarios desorientados

Estas reflexiones me fueron sugeridas por declaraciones de Danilo Astori en Búsqueda del 28 de diciembre, ejemplar que acompañaba un suplemento sobre la Corporación Nacional para el Desarrollo, el cual comprendía una entrevista al propio Astori. A continuación voy a intentar una reseña de los dos documentos, con la esperanza de convencer a los lectores de que una misma persona no puede identificarse con el contenido de ambos, salvo desdoblamiento de personalidad comparable al caso de Jekyll y Hyde, comenzando con el texto que apareció en el semanario propiamente dicho

En él Astori defiende una estrategia de total apertura. Dirigiéndose al entrevistador, dijo: “Dígame el caso de un solo país, uno solo, que haya adoptado una actitud de apertura al mundo y que se haya perjudicado. No conozco ninguno”. Noten que el ministro de Economía, con esas palabras, está proponiendo una política de libre comercio radical. ¿Como qué países? Por ejemplo, Chile, que tiene un arancel de importación (máximo) del 6%, pero uno medio —a través de TLC’s con cosa de un centenar de países— del 3%. Y le va de maravilla. Y, los más radicales, y por eso los más exitosos, Hong Kong (parte de China, con un estatuto especial, a cuyo territorio los chinos en general no tienen acceso) y Singapur (un estado soberano), ambos con 0% de arancel y niveles de vida de los mayores del mundo. Los contrarios al libre cambio se devanan los sesos para explicarlo descubriendo alguna trampa, pero nunca han encontrado ninguna. Hace 20 o 30 años, con referencia al lejano oriente, decían que la trampa radicaba en bajos salarios, pero ahora brotan como hongos después de la lluvia las estadísticas que muestran que los obreros de Hong Kong y Singapur ganan salarios del primer mundo

La clave del éxito, sobre eso no cabe duda, es la eficiencia. Es decir, los costos mínimos para las condiciones del país. Y, la eficiencia ¿cómo se consigue? Pues, es muy simple, por la competencia. Ese es el secreto (a voces) del capitalismo. La competencia significa ser eficiente o desaparecer… El sistema uruguayo consiste en proteger la ineficiencia a costa del contribuyente. Esa es la razón de ser del enorme aparato estatal y, tal vez fundamentalmente, de las empresas públicas. ANCAP produce cemento a pérdida desde que empezó la actividad hasta hoy. Esas pérdidas las soporta el contribuyente que, en materia de nivel de vida está en promedio muy por debajo de los obreros de Minas y Paysandú. Además su sector combustibles se las ha arreglado para acumular cuantiosas pérdidas aun vendiendo su mercancía, como monopolista, a uno de los mayores precios del mundo. Y encima el Directorio tiene el cinismo de gastar más dinero del contribuyente haciendo publicidad institucional, es decir, para pintar una falsa imagen de la empresa. Evidentemente, la promoción de la eficiencia está en las antípodas de los gobiernos uruguayos durante mucho tiempo. Y ANCAP es un válido símbolo del total.

En la otra pieza, la entrevista sobre la Corporación Nacional para el Desarrollo, quien habla no parece ser la misma persona. Quien responde no es ya Dr. Jekyll, sino que se ha transformado en Mr. Hyde. La idea básica es que el Estado, por medio de su Corporación, le enseñe a ser eficiente al sector privado, que es como si una compañía de arte dramático contratase al payaso del circo para dirigirla en Rey Lear. No cabe duda de que en el Estado se encuentran las empresas más ineficientes del país, lo que no puede sorprender a nadie, siendo así que, normalmente, son dirigidas por políticos, sin la menor experiencia en la dirección de empresas, y en forma colegiada, es decir, del modo en que ninguna empresa del mundo medianamente eficiente jamás lo ha sido, ignorando la figura del CEO, con ejecutivos que no tienen el menor incentivo para que la empresa gane dinero, y por perderlo, aún si se trata de centenares de millones de dólares en una empresa de reducido tamaño, como el BHU, no les depara ninguna responsabilidad.

El lenguaje con que Astori respondió sobre este asunto ni siquiera es el mismo con que se expresó contestando al periodista de Búsqueda. El ministro parece tomar en serio el episodio de CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo) que dio a luz doce voluminosos tomos que solo juntaron polvo en los anaqueles de las oficinas públicas; y en buena hora, porque consultarlos no habría conducido a nada útil, ya que la causa de la grave enfermedad que el paciente sufría –un estancamiento decenal– ni se mencionaba, y recién otra década más tarde quedó de manifiesto su causa, que no era otra que la clausura al mundo de su economía, por medio del contingenciamiento de las importaciones. Y, en general, el ministro, sobre la Corporación, no dice sustancialmente nada, a no ser advertir a la Corporación “que no se involucre en empresas como lo hizo en el pasado”, pues el daño que entonces hicieron fue ya bastante

Lo importante, como sin duda el lector lo habrá observado, es saber quién habla en cada caso; para prestarle atención si es Dr. Jekyll, e ignorarlo por completo si es Mr. Hyde.

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