Por qué Chávez quiere ir hacia el socialismo

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EL QUE QUIERA SER LÍDER DEL SUBCONTINENTE DEBE EMULAR EL ATRACTIVO DE FIDEL.

Que Chávez quiere implantar un estado socialista, en sentido marxista, no está en discusión. La razón de la requeteanunciada decisión, sin embargo, no ha sido aclarada, y por tanto queda abierta al análisis público. Comencemos con las razones que nunca podrían justificarla. No podría explicarse ante todo, por el propósito de mejorar el nivel de vida del pueblo venezolano. La dos grandes potencias que practicaron el socialismo real, como suele llamarse el que elimina la propiedad privada de la economía, la URSS y la China de Mao Dzedong, fueron ambas un fracaso resonante. Los comunistas chinos abandonaron el socialismo real el día siguiente a la muerte de Mao. La URSS y demás países que soportaban el mismo sistema, con las solitarias excepciones de Cuba y Corea del Norte, lo abandonaron poco después de la caída del muro de Berlín. Todo ello sin la mínima resistencia popular, sin contar con que hubo festejos en muchos lugares. De modo que tampoco disfrutaban de la relativa igualdad (es decir, del régimen en el cual solo los líderes políticos viven decentemente, no pocos lujosamente). De hecho, los chinos han enfatizado el abandono de metas igualitaristas porque, según declararon figuras representativas del gigante asiático, inhibían los incentivos para ser productivos, atribuyendo gran parte de la reducción de la pobreza a esa decisión

Sería ocioso continuar por esa ruta de especulaciones, cuando salta a la vista que la motivación de Chávez no se inspira en el marxismo, sino en el chavismo. Entre los rasgos más distintivos de este nuevo ismo está el culto del líder del marxismo cubano, Fidel Castro. No bien se puso malito el Lenin americano, que allí acudió su vecino caribeño, para aportarle consuelo y ver que nada le faltase. Un rasgo particularmente atractivo de Fidel a los ojos de Hugo es la unanimidad de la izquierda iberoamericana en su admiración y caluroso apoyo. El que quiera ser líder del subcontinente, debe emular el atractivo de Fidel. Si a esa atracción se pueden agregar algunos barrilitos de petróleo, y algunas barriquitas de petrodólares, ¿qué no podrá lograrse en este rincón del mundo? La unión política de toda la América Ibérica, incentivada por el odio a los yanquis, puede estar al alcance de la mano. El Hemisferio Occidental quedaría dividido en dos partes, una que habla inglés y otro que habla los idiomas ibéricos. Y, como en el film “A la hora señalada”, se terminaría sabiendo cuál es el mejor.

Naturalmente, hay una gran diferencia en poderío militar entre las mitades anglo e ibérico parlantes. Pero también para superar esa debilidad es posible luchar, y Chávez no está dispuesto a la retirada. Lector, ¿observó usted con la debida atención la efigie de todos los Jefes de Estado que, habiendo acudido a la inauguración de la 2ª Presidencia de Chávez, posaron juntos para la posteridad? Si lo hizo, tal vez le haya llamado la atención un hombre de tez blanca y cabellos oscuros, más bien pequeño, que podría ser un mandatario sudamericano, pero no lo es; o un latino que concurriese a la ceremonia por otros motivos, sin que tampoco sea ese el caso; que luce cristiano o agnóstico, pero que no es ni lo uno ni lo otro; y de hecho se trata de un indoeuropeo asiático, presidente de un país que se denomina República Islámica de Irán. Su nombre es Mahmoud Ahmadineyad. Es el mismo personaje de nombre difícil a quien los representantes de la cultura accidental le reprochan con tanta frecuencia por “enriquecer” a gran tren sus reservas de uranio, es decir, trabajar con su material para hacer que el isótopo uranio 235 crezca a expensas del uranio 238, con lo que, eventualmente, podrían los iranios construir bombas atómicas. Ante lo cual Ahmadineyad persiste impertérrito en seguir adelante. Irán, por lo tanto, está jugado a un modelo internacional semejante al de la guerra fría, con dos polos de poder opuestos, provistos de armas nucleares, con lo cual las tensiones políticos amenazarían culminar en una catástrofe. Si usted cree que la presencia de Ahmadineyad en la 2ª asunción de Chávez a la presidencia de Venezuela es un hecho trivial, descartará esta parte de mi argumentación, pero yo insisto que se trata de un indicio de un frente común pro islámico y latinoamericano anti yanqui, por más que no esté pronosticando que toda la Ibero América ni el grueso de ella seguirá el liderazgo de Hugo Chávez en este aspecto.

Muchos lectores tendrán presente la tesis de Samuel P. Huntington, profesor de ciencia política, sobre el sendero que ha de seguir la historia después de la disolución de la URSS, y por lo tanto de la superación del enfrentamiento de los sistemas marxista y liberal occidental. Francis Fukuyama opinó que bien podía haberse llegado al fin de la historia, sobre su base hegeliana que atribuye el devenir de la humanidad a una estructura dialéctica. En 1993, en un artículo, después confirmado en su famoso libro “El choque de las civilizaciones” (1996) Huntington, propuso una visión diferente, si bien compartiendo la naturaleza dialéctica de la historia. En el futuro, propuso, el enfrentamiento de superpotencias dejará su lugar al choque de civilizaciones. La perspectiva soñada, en mi parecer, por Chávez y por Ahmadinejad, y por supuesto sus numerosos adláteres, encajaría perfectamente en la hipótesis de Huntington. Pero hay algo más a considerar aquí, de interés general, pero sobre todo de los latinoamericanos. Huntington enumera una lista de civilizaciones, que puede totalizar siete, o solo seis, según lo que en seguida se dirá Las ciertamente incluidas por el autor, son estas seis: la china, la japonesa, la hindú, la islámica, la ortodoxa, y la occidental. A ellas agrega, dubitativamente, una séptima: la latinoamericana. “¿Cómo?” Se preguntará el lector, al igual que este articulista lo hizo en su primer contacto con el libro. Nuestra clara ascendencia europea, ¿no vuelve obvia nuestra condición occidental? Huntington nos reconoce nuestro linaje europeo, pero señala que hemos desarrollado una cultura corporativista y autoritaria ajena a la cultura madre, aparte de lo cual pone énfasis en la gravitación de la influencia indígena. En lo que me es personal, me parece obvio que en los últimos tiempos nuestra semejanza con la cultura occidental se ha ido desvaneciendo. Y si Chávez sigue creciendo en el ámbito continental, y si, encima, se asocia con Ahmadinejad, no les digo nada.

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