¿Cómo se determina el monto de los salarios? La respuesta puede variar, preguntándolo a un economista o a un sindicalista. El primero dirá que se fijan en el mercado de trabajo de que se trate, cuyas oferta y demanda deben igualarse para que el precio (salario) sea acordado. Mientras ello no ocurra, el equilibrio del mercado no se logrará y el precio de la mano de obra oscilará, con tendencia a acercarse al nivel de equilibrio
¿De qué dependen la oferta y la demanda? La de mayor peso son las variaciones de la demanda. A diferencia de la oferta, influida básicamente por el costo de vida, la demanda depende de un complejo conjunto de variables, la tecnología de la industria de que se trate, de las fluctuaciones del precio de los bienes finales en los mercados en que los trabajadores prestan servicios, y de las inversiones que los empresarios realicen. Aquí surge un concepto central en la materia: la productividad de la mano de obra. Llamamos productividad a la relación entre el producto obtenido y las horas-hombre cumplidas en la empresa en determinada línea, en ambos casos durante determinado lapso. Cuando acrece la relación entre producto y horas-hombre, la productividad sube, la demanda por mano de obra se eleva, y otro tanto ocurre con el salario. También aumentan los ingresos de los empleadores. Se aprecia sin dificultad que, de la respuesta del economista a la pregunta formulada al principio, se derivará otra respuesta muy afín a la primera cuando la interrogación pasa a ser qué puede hacerse para mejorar el salario real de los trabajadores: intensificar la productividad de éstos
Veamos ahora cómo contestaría la misma pregunta, planteada al principio, un dirigente sindical. El lector habrá observado que, hasta ahora, la situación favorable para el trabajador –aumento de inversión, otro tanto de las ganancias de las empresas, también por el incremento de los equipos– o sea que el capital y el trabajo se benefician, y, obviamente, en las contingencias opuestas, también se empeoran, las condiciones de ambos a la vez; circunstancia que propicia la relaciones amistosas de ambas partes en los emprendimientos industriales y comerciales. Es hora que pasemos ya a ocuparnos de la determinación del salario desde el punto de vista sindical.
Veamos ahora cómo contestaría la misma pregunta, planteada al principio, un dirigente sindical. El lector habrá observado que, hasta ahora, la situación favorable para el trabajador –aumento de inversión, otro tanto de las ganancias de las empresas, también por el incremento de los equipos– o sea que el capital y el trabajo se benefician, y, obviamente, en las contingencias opuestas, también se empeoran, las condiciones de ambos a la vez; circunstancia que propicia la relaciones amistosas de ambas partes en los emprendimientos industriales y comerciales. Es hora que pasemos ya a ocuparnos de la determinación del salario desde el punto de vista sindical.
Las dos respuestas, economista y sindicalista, no son sólo diferentes, sino que la acción de los sindicatos influye directamente sobre la evolución del salario previsible desde el punto de vista. Según veíamos hace un instante, el ritmo de inversión es el impulsor de la productividad del trabajo, y ésta a su vez del salario. Con más inversión, y a través de ello mayor productividad, las perspectiva de mayores beneficios se expanden, los empresarios van en busca de más operarios. El empleador no paga más porque está ganando más, sino para ganar más, cuando la productividad, impulsada por la inversión y, a la vez frecuentemente, por la nueva tecnología que traerán los nuevos equipos. Y no es un empresario solo que busca nuevos trabajadores, son todos los del ramo. Y en otros ramos, otro tanto. La competencia de entre ellos asegura que, en cada línea, el salario igualará la productividad marginal de los operarios. Y el empresario se cuida de dar a ningún trabajador un tratamiento indebido, porque si se le va, las ganancias caen
Como observaba más arriba, la estrategia violentista en pro de hacer cesar la explotación del hombre por el hombre, frustra las aspiraciones de los obreros por salarios mayores. Porque no hay un factor disuasivo para invertir un empresario que haber perdido el control de su empresa. Y eso es lo que ha ocurrido en el Uruguay. Por ley los trabajadores pueden ocupar, con lo cual la huelga no es el enfrentamiento de las partes, obreros versus empresa, sino la transferencia –transitoria pero cabal– de la propiedad del establecimiento a favor del sindicato. Por lo cual no hay secreto alguno para explicar la falla de la inversión en medio de la expansión general. No cabe duda: los sindicatos son enemigos de los intereses de los trabajadores.
La economía uruguaya está pasando por una buena época, igual que el resto de América Latina. Pero su inversión es la menor de entre todos los demás países, en relación de los PBI de cada uno. Descontando la inversión extranjera directa, está ampliamente por debajo de la situación antes de la crisis de 2001- 2003. Y con los salarios ocurre algo semejante. Lector: piense un momento. ¿A qué pueden deberse tales cosas, aparentemente extrañas? Si reflexiona un par de minutos, no le va a errar. Esté seguro.