Este año, en su postrimería, los ciudadanos norteamericanos concurrirán a las urnas para elegir un nuevo presidente; pero, ya en sus comienzos, se hallan en un proceso preliminar, consistente en elegir a los candidatos, función que en ese país se cumple asimismo por los ciudadanos, no por los partidos; se están ahora, pues, preparando las cuadragésimocuartas elecciones de los EEUU, habiéndose celebrado las primeras el 30 de abril de 1789, las que consagraron presidente al general George Washington. Como se desprende de lo dicho, en total asumieron el mando 43 presidentes, que ejercieron su cargo sin discontinuidad alguna. Todos fueron elegidos por cuatro años, pero el derecho a postularse todos ellos para un segundo ejercicio (para más hasta que la Constitución redujo en 1951 la reelección a una sola vez, después que Franklin D. Roosevelt optara por un tercer período –cuatro mandatos consecutivos– en razón de la 2ª Guerra Mundial, contra la tradición de rehusar la segunda reelección marcada por Washington). La media del mandato de los 43 presidentes, presumiendo que George W. Bush completará el término en proceso en enero del año próximo, habrá sido apenas mayor a 5 años, lo que indica que el efecto del derecho a la reelección, que supone 8 años por mandato, de hecho ha surtido un efecto reducido
Escribiendo en el hemisferio oriental, y sobre elecciones, me parece de rigor destacar que la lista de presidentes no exhibe ninguna discontinuidad; es decir, que los EEUU no experimentaron ningún golpe de Estado, o sea que ningún jefe de gobierno ocupó su cargo por medio de la fuerza, sino sólo por el procedimiento previsto en la Constitución. A través de todo el tiempo, entre su punto de partida, cuando su población apenas alcanzaba 2 millones, hasta ahora que sobrepasa los 300 millones. Ni aún la guerra de Secesión, el episodio bélico más sangriento del mundo en la centenia 1815 – 1914, consintió el presidente Abraham Lincoln que la fecha de elecciones resultante de la Constitución fuera postergada. Da la impresión que parte del tiempo que muchos en este país gastan en denostar a los EEUU, la dedicarían con ventaja a averiguar el secreto de semejante hazaña republicana, muy rara en el mundo entero.
¿Quienes compiten por las nominaciones de candidatos por los Partidos Democrático y Republicano? Por el primero, siguen compitiendo Hillary Clinton y Barack Obama; éste corriendo de atrás, pero con un empuje tal que tal vez hoy haya que considerárselo favorito. Ambos con la perspectiva de dar un batacazo: Hillary transformándose en la primera mujer en convertirse en presidente de los EEUU, Barack el primer negro en ser amo en la Casa Blanca. Hillary, no ha mucho “primera dama” como esposa de Bill Clinton, cumpliendo por segunda vez su condición senaturial por Nueva York, compite para llegar a ser la primera mujer presidente de su país. En cuanto a Barack, también senador, por más que en su primer período, por el Estado de Illinois; y en punto a distinciones académicos, ambos postulantes se graduaron en Derecho, en Yale Hillary, en Chicago Barack.
Del lado Republicano, la ventaja del senador por Arizona, John McCain, sobre los demás postulantes del Partido Republicano, puede considerarse definitiva. También senador, si bien por el relativamente menor Estado de Arizona, su principal atractivo para los electores tal vez sea su prestigio de héroe de guerra. Nacido en una familia vinculada a la marina de guerra norteamericana, el III que suele agregarse a su nombre en su país —John McCain III— recuerda a otros dos John McCain también fueron marinos de guerra, en su caso culminando como almirantes, pero el III, si bien no llegó más que a capitán, tuvo carrera heroica. Alcanzado el avión que piloteaba sobre territorio vietnamita por un proyectil antiaéreo, se salvó eyectándose y usando su paracaídas. Hecho prisionero, su prosapia naval hizo que el enemigo se mostrara dispuesto a liberarlo, pero él mismo declinó irse libre al condicionar su aceptación a que sus camaradas de cautiverio fueran igualmente liberados. Lo que le costó cumplir cinco duros años de prisionero en las mazmorras del Viet Nam.
En cuanto a programa, los dos aspirantes demócratas no van más allá de lo previsible, basándose en la información sobre lo que se sabe del pensamiento de los ciudadanos. Sobre la guerra de Irak, Obama está en contra desde el principio, pero concuerda con un retiro gradual de las fuerzas norteamericanas. Clinton estuvo a favor, pero ahora también propicia un retiro gradual. No hay nada original en sus propuestas. Su atracción para los votantes depende del “sueño americano”, que afirma que todo hombre o mujer, si tiene capacidad y se esfuerza, puede llegar a ser presidente de los EEUU. En ese sentido es obvio que la chance de Obama es mayor que cualquier otra imaginable. Nacido en Hawai, adonde su padre había emigrado desde Kenia, habiendo sido allí pastor de cabras, obtuvo en su nuevo habitat una beca para estudiar, y casó con una blanca, mientras la generación previa, los abuelos de Barack, no hablaban una palabra de inglés, autorizan al postulante a afirmar que “en ningún otro país en la tierra mi historia pudo ser posible.” En ese sentido, estimo que Obama tiene ventajas sobre Hillary, como las últimas encuestas estaduales parecen confirmarlo
Por contraste con estos dos aspirantes, McCain ostenta un programa claro. Él ha hablado así: “Toda mi carrera como servidor público ha sido la de un típico conservador. Creo en Estado pequeño, disciplina fiscal, bajos impuestos, una defensa fuerte y jueces que hagan cumplir, no inventen, las leyes. Creo en valores sociales y morales que son la verdadera base de nuestra propia fuerza. Y creo, generalmente, en la defensa firme de nuestros derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de felicidad, lo que he defendido a través de toda mi carrera como un derecho dado por Dios al nacido y al que está por nacer. También tengo que transmitir que la mayor preocupación de los conservadores es el peligro del extremismo islámico...”
Un resumen claro de su programa, y valiente. Sin duda sincero, ya que requiere valor. No me atrevo a pronosticar como le irá, pero el sábado próximo les contaré por qué votaría por él.