Profunda escisión en y sobre Latinoamérica. Porque las voces que testimonian las disensiones resuenan en parte dentro del área conflictiva pero en parte asimismo fuera de ella. Eso sí, los elogios y defensas chocan todas contra el mismo sujeto, fantoche diría yo, tratado públicamente por el rey de España como chico mal criado, cuya descripción más apta para definirlo me viene a la cabeza en inglés, a figure of fun, de nombre Hugo Chávez, de profesión tiranuelo de Venezuela. Sí, ya lo sé, ridículo, harto ridículo, pero al mismo tiempo poderoso, impulsada su fuerza pura y exclusivamente por el precio del petróleo crudo. Que, ciertamente, no durará siempre, pero que tampoco nadie sabe cuánto, para justicia en el mundo y orden en nuestra región
Pero empecemos con opiniones sobre Chávez de fuera de nuestro ámbito. En La Nación de Buenos Aires del 11 de mayo (pág. 11) se recoge esta opinión de la primera ministra de Alemania, Angela Merkel: “El populismo aleja a los países del desarrollo económico” y citó al venezolano afirmando que “el presidente de Hugo Chávez no es la voz cantante de la región.” Continuó sosteniendo que un solo país no puede dañar las sólidas relaciones entre la Unión Europea y Latinoamérica. Y, en seguida: “Cada país tiene su propia voz, con la que persigue sus propios intereses. El mismo pueblo venezolano ha tomado partido su rechazo del referéndum de enero.”
El mismo diario, en iguales lugar y fecha, reproduce una opinión antitética sobre el presidente venezolano, expresadas por el presidente de Brasil, Lula da Silva, aparecidas en una entrevista para Der Spiegel, en la cual calificó a Chávez como “el mejor presidente que ha tenido Venezuela en los últimos cien años”. Diríase que a Lula se le fue la mano. “Pienso que la dama protesta demasiado” fue la objeción que Hamlet opuso a la credibilidad de las protestas de amor y fidelidad de la reina. Creo que Itamaratí, si fuere cierta su sabiduría, habría recomendado a su jefe una declaración un tanto menos exagerada. Pero, aún sin ese asesoramiento, Lula relativizó su elogio de Chávez, porque dijo, al encomiar la democracia: “Hoy estamos todos de acuerdo, con excepción de las FARC en Colombia, de que las elecciones son el único camino hacia el poder.” Mas la amistad de Chávez con las FARC y sus líderes es de vasto conocimiento. De modo que el mejor presidente de Venezuela viene a ser alguien que cree que las elecciones son la única forma honesta de llegar al poder y, al mismo tiempo, mantiene una amistad estrecha con un organismo –las FARC— que pretende no tener otro fin que el de llegar al poder por medios violentos.
Naturalmente, Chávez ahora intenta negar su vinculación con la guerrilla; aunque sin demasiado esfuerzo para ocultar lo inocultable. Cuando sobrevino el incidente de la frontera Colombia-Ecuador y la muerte de Raúl Reyes, Chávez y sus colaboradores tomaron la representación de las FARC sin ambages. Ahora la negativa es meramente formal. En una imagen de Aló Presidente, aparece Chávez alzando a medias ambos brazos, como si estuviera diciendo “yo inocente”, y una sonrisa de pícaro, como diciendo a la vez, “prueben mi intervención si pueden”. Las FARC actualmente, a estar al Grupo de Diarios de América (GDA), tienen contactos en Argentina, Costa Rica, Ecuador, México, Brasil, Venezuela, Perú, Chile y EEUU, coordinados por la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), un movimiento de izquierda radical.
Cada vez más asistencia, más recursos para sustentar las cárceles selváticas de ese gulag latinoamericano, sin ningún objetivo práctico, condenado a desaparecer, como ha desaparecido el partido comunista que lo fundó hace poco más de 40 años, inspirado por la locura del comunismo, que pretendía construir una sociedad libre y feliz a través de meter a hombres y mujeres en lóbregas prisiones, hasta matar en ellas una veintena de millones de seres humanos, sólo en la URSS. ¿Qué hace, qué pretende hacer ahora, en nuestro desgraciado continente, esa insanía, que la única cosa que puede asegurarnos es repetir viejos horrores?
Pensemos en las víctimas inocentes. En Ingrid Betancourt. Intelectual, llena de encanto, candidata una vez a la presidencia de Colombia, nacida en 1961, secuestrada en 2002, y, desde entonces prisionera de la selva, lejos de los suyos, que incluyen a su anciana madre, a dos hijos, privados de la compañía y la orientación de su madre, sin sentido alguno. Usualmente las FARC secuestran para extraer dinero de sus víctimas y sus deudos, pero en algunos casos, como el de Ingrid Betancourt, parece con el fin de mostrar su capacidad para destruirle la vida a una persona distinguida. En dos oportunidades, ella, tan frágil como lo muestra ser su cuerpo, intentó evadirse, sin éxito. Ahora tiene cada vez menos esperanza de volver a ver a los suyos. Siente que la prisión en la selva le va minando rápidamente su vigor. Siente que la muerte se le acerca. Una muerte fatal, una muerte sin sentido. Ha logrado hacer llegar una carta y una fotografía a sus parientes, que se han publicado por la Editorial Grijalbo. Su imagen explica el título del delgado volumen: “Cartas a mamá desde el infierno”
Dándole ánimo a los cabecillas de las FARC, así como ayuda diversa, se perfila la figura de Hugo Chávez. Es él, y no ninguno de los guerrilleros activos, el responsable de la supervivencia de las FARC y de toda la miseria humana que infiere a diestra y siniestra. Comprensiblemente, atrae odio y desprecio desde todas las orientaciones de la esfera celeste.