El FA está en vías de redactar un plan de gobierno, que el candidato presidencial a nominarse habrá de aceptar, procurando así una garantía al electorado frenteamplista, no sea que el nuevo presidente se les deslice en la dirección opuesta. Incluso abundan entre los redactores los que exigen un plan volcado “más a la izquierda”. ¿De qué puede tratarse?
El concepto de “izquierda” se generó durante la Revolución Francesa, por lo que no estará de más citar a uno de los líderes de aquel famoso movimiento. Rabaud de St. Étienne, cuya idea del plan de gobierno es harto expresiva, hablaba así: “Todos los establecimientos de Francia coronan la desgracia del pueblo; para hacerlo feliz es imperioso renovar; cambiar sus ideas; cambiar sus leyes; cambiar sus costumbres; ... cambiar a los hombres; cambiar las cosas; cambiar las palabras; ... destruirlo todo; sí, destruirlo todo, ya que todo ha de ser recreado”. Por lo visto no se puede tachar a Rabaud de conservador, pero había un amplio sector en que posteriormente la izquierda se expandió, consistente en la eliminación de hombres y mujeres que obstruían la transformación. Rabaud peroraba en 1789, el primer año de la Revolución. La sangría llega en masa con el Terror, cuyo apogeo tiene lugar en diciembre de 1793 y enero 1794, durante los cuales la guillotina cortó unas 7.000 cabezas. No fueron muchas, en comparación con los episodios sangrientos del siglo XX, aún sólo en la Unión Soviética y la China de Mao, donde, en conjunto, no anduvo lejos de los 120 millones de víctimas. Esto no tiene que ver con la izquierda en el Uruguay, pero si las masas piden “más izquierda, más izquierda” no cabe duda que los antecedentes cruentos no están tan lejos como uno pensaría. “¡Fuera, fuera, viles manchas!”, rugía Lady Macbeth, contemplando sus manos ensangrentadas, pero no lograba librarse de ellas.
Pero, cuando se reclama “más izquierda”, ¿no se especifica en alguna medida la demanda? En El Observador del 2/6, pág. 4, se incluyó un recuadro donde se insinúan algunas ideas al respecto. Dentro de él se incluye una referencia sobre “el proyecto sucro alcoholero de ALUR”, que no me dice nada, de modo que no podré incluirla. Aparte de ello, “más izquierda” supondría lo siguiente: (a)“Que el Estado tenga un rol preponderante en la inversión productiva”; (b) “priorizar el mercado interno por sobre el externo”; (c) “estrechar los vínculos con la región por encima de las relaciones con el Norte (PCU)”; (d) “profundizar la distribución de la riqueza (varios sectores)”; (e) “ampliar la participación ciudadana”; y (d) “lograr un uso ‘más equitativo de la tierra’ (MPP)”. Me imagino que un somero análisis de los seis puntos debe ser de interés de todos los lectores.
Los dos primeros son catastróficos. Ambos reclaman más énfasis sobre los dos principales factores responsables de nuestra decadencia económica, notoria desde comienzos del siglo XX. Pero vayamos por partes. El tema (a) llama a intensificar el papel del Estado en la economía. ¿A quién se le ocurre que la participación del Estado en la economía podría ser aún mayor de lo que ya es: centenares de miles de empleados públicos, en altísima proporción completamente ineptos para las tareas que supuestamente deberían cumplir. Con un gobierno local en la capital cuyo personal excede unas cuantas veces a los de ciudades de análoga población. ¿Y las empresas estatales, provistas de monopolios, qué diremos de ellas? Son sin duda la carga más gravosa que tiene que sobrellevar nuestra economía, tal vez más responsable que ninguna otra por la pobreza que soporta nuestro pueblo. Jorge Sanguinetti, cuando recién había aceptado la presidencia de Ancap, me dijo personalmente que había dos mil hombres que estaban de más y que él no asumiría bajo ningún concepto el puesto si no le quitaban esa carga insoportable. No sé que argumentos le harían cambiar de opinión. Otra anécdota que viene a cuento es cuando los directores y miembros del personal superior de Ancap fueron invitados a visitar las plantas más pequeñas de Buenos Aires, y por lo tanto más semejantes a la nuestra. Después de la observación, según se corrió en los medios del ramo, lo que llamó la atención fue que los visitantes insistían en preguntar dónde tenían a los obreros, prácticamente no existentes en plantas rigurosamente mecanizadas. La inquietud en tal sentido no preocupaba a los directores y altos funcionarios de Ancap
En cuanto al punto (b), que aboga por una economía más cerrada, por virtud de los altos aranceles, evitando de tal manera que nuestros recursos se especialicen en lo que pueden fabricar más eficazmente. Nadie que haya contribuido a cerrar todavía más a nuestra economía puede haber realizado la más somera investigación de la industria de los países exitosos. Hong Kong y Singapur, desprovistos de recursos naturales, están entre territorios (islas) cuyo nivel de vida se halla entre los mejor calificados del mundo. Su secreto es la apertura de la economía. El porcentaje de la exportación en términos del PBI es del orden del 150. Si el lector se sorprende de que el valor de la exportación sea mayor al PBI, la respuesta es sencilla: se le agrega a los recursos locales incorporados a los bienes exportables, otros que también han importado. Hong Kong, ¿no forma parte de la República China? Sí, pero es tanto más rica que China continental que el gobierno tiene que prohibirle la entrada a los nacionales chinos de otro origen. ¿Por qué Hong Kong es tanto más rica que el resto de China? Porque se abrieron primero al comercio internacional. ¿Por qué Singapur es tan solvente? Pues por lo mismo, porque un nuevo gobierno, encabezado por un chino, Lee Kwang Yu, abrió su economía alrededor de 1950 y esa apertura se mantuvo hasta hoy. En cuando al norte contra el sur, el problema se desvanece si hay libre comercio; la distribución de la riqueza es mucho más sencillo si no hay pobres; y los puntos c y d carecen de toda relevancia en este contexto.