Las dificultades de esta publicación, que no hace mucho nos ocupaban en un editorial, tardaron en solucionarse más de lo que preveíamos. Hoy podemos afortunadamente anunciar a nuestros lectores que ellas parecen haber quedado superadas, lo que implica que presuntamente podremos salir, en lo sucesivo, puntualmente. Pero mientras tanto se nos han juntado dos meses y nos vemos obligado a editar por segunda vez un número doble.
Originalmente el presente número debía corresponder a marzo. Sale ahora cubriendo a marzo y abril. Y en abril ocurrió algo sumamente importante: el gobierno aprobó el Plan de Desarrollo. Nosotros habíamos pensado dedicarle a éste una edición. Y seguimos pensando hacerlo, pero ya no puede ser el número de abril. Tendrá que ser, Dios mediante, el de mayo.
Entretanto, no podemos omitir enteramente el tema, que juzgamos sobremanera importante, en una edición que abarca el mes de aprobación del Plan. Queremos decir una palabra al respecto, como prenda de las muchas que pronunciaremos próximamente.
Cuando concebimos la idea de BUSQUEDA, formamos el propósito de hacer en el Uruguay un ensayo de periodismo independiente. Nuestras opiniones, pensábamos, contendrían a la vez elogios y críticas. Mostraríamos que el apasionado embanderamiento habitual en nuestra prensa, con el gobierno o contra él, no era una actitud necesaria.
Los hechos nos llevaron a una posición que mucho tememos se parezca a una postura opositora. Ocurrió, sencillamente, que después del dos de marzo el gobierno nos dio muy pocas ocasiones para elogiarlo. Siempre creímos que no había dogmatismo en nuestra actitud. Y ahora los hechos nos lo confirman.
En efecto, es con la mayor complacencia que comunicamos a nuestros lectores nuestra opinión en el sentido de que el gobierno acaba de dar al país un instrumento de subido valor, capaz de convertirse en la clave de la superación de sus dificultades económicas actuales, con tal que las políticas allí definidas se pongan en práctica con razonabe fidelidad y adecuada firmeza.
En el Plan de Desarrollo hay rigor científico, hay sentido común, hay realismo. Virtudes todas ellas que no han sabido engalanar la acción de este gobierno. Pero nunca es tarde, dice el refrán, cuando la dicha es buena. Y en esta ocasión, ella ciertamente lo es.
La acción del gobierno podrá ahora revestir aquellas cualidades, con sólo inspirarse en los principios que él mismo ha aprobado en el Plan. Confiamos en que así querrá y sabrá hacerlo.
Por nuestra parte, sentimos que nuestro inequívoco deber consiste en analizar el documento, ayudar a nuestros lectores a entenderlo mejor y promover, en la medida de nuestras fuerzas, a formar opinión al respecto. La efectividad del Plan dependerá, sin duda en buena medida, de la actitud que el país en general adopte sobre él. Nosotros dedicaremos, como decíamos al principio, nuestro próximo número a este tema, confiados en que en algún modo estaremos contribuyendo a complementar la obra importante que con la aprobación del Plan de Desarrollo el gobierno ha puesto en vías de ejecución.