Nos falta aún al público uruguayo algo de perspectiva, y algo de información, para poder adoptar respecto de la sustitución del Sr. Bordaberry una opinión formal. Esta es, por otra parte, en cosas de tanta importancia, una función que sólo la historia podrá cumplir debidamente.
Pero no podríamos retomar el contacto mensual con nuestros lectores sin hacer mención a algo que nos interesa y nos preocupa a todos en tan grande medida. Si fuéramos a callar acerca de las cosas que conciernen vitalmente nuestra común ciudadanía, no valdría la pena hablar de las otras. Por eso trataremos hoy de hilvanar estas difíciles reflexiones.
En primer lugar, hemos visto al Sr. Bordaberry alejarse de la Presidencia con verdadero sentimiento. Han acudido a nuestra memoria una variedad de episodios críticos en los que el Presidente Bordaberry sirvió a la República con valor y con auténtica estatura de estadista. En BUSQUEDA, donde varias veces registramos nuestra discrepancia con sus alocuciones económicas, también tuvimos ocasión de destacar aquellas exaltadas virtudes. Hoy es precisamente el recuerdo de éstas el que solicita nuestra atención.
El Sr. Bordaberry representó a nuestro país con singular eficacia, tanto en lo externo, ámbito en el cual su éxito fue ampliamente reconocido, como en lo interno, plano en el cual su imagen de recto padre de familia rindió servicios menos visibles, pero no menos valiosos. La Sra. de Bordaberry le prestó en todo ello una asistencia inapreciable.
Las circunstancias que motivaron el alejamiento del Sr. Bordaberry de la Presidencia giran en torno a una confrontación ideológica por muchos aspectos singular. Debemos confesar que la posición que el Sr. Bordaberry adoptó en ella, no sólo no la compartimos sino que, pese a las numerosas reflexiones interesantes que contienen sus memoranda, nos parece intrínsecamente insostenible.
El Sr. Bordaberry destaca acertadamente la relatividad de los valores representados por el régimen político que condujo al país a las crisis de 1973. Pero se equivoca al pretender encontrar fundamentos de valor absoluto en la asignación ad perpetuam del poder político a las Fuerzas Armadas; es decir, a una solución que precisamente se caracteriza por su condición coyuntural, y por lo tanto por su naturaleza esencialmente relativa y transitoria.
A nuestro modo de ver la salida que el Sr. Bordaberry ha buscado no puede encontrarse dentro del orden político mismo, sino que debe buscarse en una concepción del mundo y de la vida que devuelva al orden político su verdadera posición, mucho menos central y mucho menos expansiva que la que ha llegado a atribuírsele entre nosotros.
Con todo, habríamos deseado fervientemente que la confrontación ideológica hubiese sido compatible con el cumplimiento por parte del Presidente Bordaberry de la totalidad de su mandato.
El cambio en la Presidencia le reportó al país la pérdida de un Ministro de excepción. BUSQUEDA se siente en deuda con el Ing. Federico Soneira, por haberle otorgado una cobertura insuficiente a su iniciativa para resolver el problema de la vivienda mediante la restauración de un mercado libre de alquileres. Pero ahora que la solución se halla bajo ataque y no cuenta ya con su principal defensor en la órbita gubernamental, aún será tiempo para cumplir.