Nosotros creemos discernir algo parecido a una inconsistencia en el régimen actual respecto de su actitud frente a los hombres que manejaron la casa pública antes de junio de 1973. La “casación” de derechos cívicos de todos los que realizaron actividad política en el pasado trasunta una desaprobación radical hacia su obra. Y, sin embargo, la orientación de gobierno no cesa de proporcionar espaldarazos al antiguo orden. La política de carnes, con su sólita falta de realismo y su anacrónica reiteración de las aduanas internas, junto con el retroceso de la política de arrendamientos urbanos hacia el archiprobado y archifracasado intervencionismo, constituyen de ellos dos dramáticos –por no decir trágicas– ilustraciones. Pero es más significativo aún señalar que cuatro o cinco medidas de Végh Villegas, todas circunscritas al ámbito financiero, agotan el impulso innovador del nuevo régimen.
Diríase que la hipótesis de trabajo en que éste está basándose consiste en que los políticos profesionales que gobernaron al país lograron plasmar una estructura ejemplar en todo el campo económico, y sólo fallaron en la ejecución de sus propias concepciones. Que fueron grandes estadistas, sólo que malos gobernantes, excelentes estrategos, sólo que tácticos deficientes, inspirados patriotas en la hora de edificar los cimientos, si bien politiqueros mezquinos en la hora de levantar la mampostería.
Los entes autónomos, la política automotriz, el paternalismo agropecuario, los infinitos monopolios estatales, los numerosos oligopolios privados oficialmente protegidos, el sacrificio absoluto del futuro ante los requerimientos de la semana en curso, la vigencia incondicionada del lema “ya actuaremos con realismo cuando las cosas vayan mejor”, aparecen así como legados definitivos de hombres que sólo fracasaron en la puesta en práctica de esos excelentes principios, por falta de competencia y, sobre todo, de buenas intenciones.
Nosotros querríamos proponer una hipótesis diferente. Ante todo, creemos que las buenas intenciones constituyen la virtud mejor distribuída entre los políticos de todo el mundo. Creemos, por ejemplo, que Hitler y Stalin enviaron cada uno a millones de seres humanos al exterminio pensando que obraban para bien de sus respectivos países. El hombre público totalmente cínico, que se dice a sí mismo la verdad respecto de las motivaciones espurias que lo impulsan, no es inexistente; pero constituye una rareza.
En cuanto a competencia, e integridad moral, el régimen anterior tuvo sus altibajos, pero la verdad es que los valles superaron de lejos a las crestas. En este aspecto, no obstante, puede advertirse una inequívoca tendencia declinante a largo plazo, que debe interpretarse como expresiva de la capacidad ínsita en el sistema dirigista para desgastar aquellos valores.
Por sobre todo, nos parece patente que la cuestión de la habilidad y la honestidad de los hombres públicos es de orden secundario; nos parece indudable que los entes autónomos, empresas sin norte definido, no podrían en ningún caso dirigirse mejor que una nave inherentemente sin rumbo; que la legislación social invasora y la inflación son las dos hojas de unas tijeras que no podían dejar de hacer trizas la independencia moral de nuestro electorado; que el cúmulo de primas a la ineficiencia y de gravámenes a la productividad no podía dejar de surtir su deletéreo efecto sobre toda la economía.
En fin, ¿para qué seguir con este catálogo de calamidades, si nuestros lectores las saben de memoria? Lo importante ahora, lo apremiante además, es averiguar cómo podemos hacer para superar nuestra problemática coyuntura.
Nosotros nos sentimos llamados a proponer una hipótesis diferente de la que está siendo ensayada. La que querríamos ver puesta a prueba sostienen esencialmente que varias generaciones de hombres públicos de todas las tendencias acumularon errores que distorsionaron de manera decisiva la estructura de la economía uruguaya, y que para salir del paso un tratamiento a base de tisanas y cataplasmas es claramente insuficiente, y en cambio la cirugía es inevitable.
Sentimos como nuestra responsabilidad acercar esta hipótesis y sus implicaciones a la atención del público compatriota que nos honra con su atención. A cumplir con ella queremos dedicar en el año que se inicia nuestros mejores esfuerzos.