El Respeto a los Mitos

Descargar PDF

El Ministro de Educación, Dr. Daniel Darracq, desmintió recientemente que el gobierno se propusiera introducir reformas en el sistema de prestación de la enseñanza, así llamado de gratuidad. Como fundamento, reiteró el único que había formulado en anteriores ocasiones: “la gratuidad de la enseñanza a todos los niveles”, volvió a sostener, “es un motivo de orgullo para los uruguayos”.

El argumento guarda semejanzas obvias con el que propuso hace algún tiempo el Presidente de la República para oponerse a la libre exportación de ganado en pie. Nos referimos a la oportunidad en que el Dr. Aparicio Méndez informó al público que la exportación de ganado en pie le causaba horror. Ambos argumentos se asemejan en su radical subjetividad. No importa que la subjetividad de uno pretenda reflejar un sentir nacional, mientras que la otra no trascienda el fuero individual de su portavoz. El punto significativo es que, ante dos cuestiones que piden a gritos que los uruguayos las discutamos sobre un plano de racionalidad, desde esferas oficiales se nos declara que tal cosa horroriza a uno, y cual otra enorgullece a los de más allá. Lo que no es sino volver a agitar los viejos mitos que tanto daño nos han causado.

Tenemos nuevamente el tema de la educación. ¿Qué uruguayos son los que se sienten orgullosos por el hecho de que la enseñanza estatal se imparta sin cargo a sus usuarios? El Ministro Darracq no lo dijo, pero nosotros vamos a revelarlo. Son los uruguayos desinformados. Los informados, en cambio, saben, entre otras cosas, las siguientes:

* La educación nunca es gratuita. Suele, al contrario, ser sumamente onerosa, y cuando la imparte el Estado, doblemente. En Chile han calculado que el costo por alumno es más del doble en los establecimientos oficiales que en los privados subvencionados, y no vemos razón para suponer que en el Uruguay la enseñanza estatal no comporta un despilfarro semejante de recursos.

* La enseñanza superior sin cargo a los usuarios, y con cargo a los contribuyentes, la inmensa mayoría de los cuales no se benefician con dichos servicios, representa una redistribución de ingresos fuertemente regresiva.

* La calidad de la enseñanza estatal en todos los niveles es, y ha sido prácticamente desde siempre en el Uruguay, altamente insatisfactoria.

Si hay personas informadas –digamos, dentro del gobierno– que no comparten estas proposiciones, sería bueno saberlo, y conocer sus fundamentos. Pero la referencia al mito por parte del Ministro de Educación no ayuda nada al país.

Hay un anquilosamiento del régimen respecto de los grandes temas de la convivencia uruguaya que es difícil de comprender. Precisamente en un momento que el gobierno está, y en cierto modo no puede dejar de estar, a la defensiva en lo económico, debería procurar captar la imaginación de la ciudadanía con iniciativas audaces en los campos de la seguridad social, las empresas estatales, la salud, y, lo principal entre todo, la educación.

Lo que parece estar deteniendo al régimen es un respeto tan sorprendente como inexplicable por ese tejido de fábulas, que llegó a pretender que el Uruguay de los Entes Autónomos y la Caja de Jubilaciones y la Enseñanza Gratuita y Obligatoria, era el stupor mundi, el país sin igual, y que siguió pretendiéndolo hasta que el edificio todo se vino al suelo con gran estrépito. Y aun cuando aquello de “como el Uruguay no hay” ya no corre, y aun cuando el fracaso de toda la estructura quedó patente, los mitos que la poblaron, inspiraron y dirigieron gozan de buena salud, y merecen a los hombres que nos gobiernan una reverencia desde todo punto de vista inexplicable e inadmisible.

Vista previa del documento