LO QUE DEBE CAMBIAR

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Son las ideas las que hacen la historia, no la historia la que engendra las ideas.
LUDWIG VON MISES

Para Marx, las ideas son un reflejo de las condiciones materiales de producción: de ahí el nombre de “materialismo” que da a su doctrina. Más particularmente, para él las ideas sobre cómo gobernar un país forman parte de la “ideología” del grupo dominante. Para cambiarlas no hay más remedio que expulsar del poder al grupo dominante y reemplazarlo con otro grupo que posea otras ideas. Una tarea de persuasión, como la que BUSQUEDA pretende llevar a cabo, está, desde el punto de vista marxista, condenada al fracaso. La única tarea que puede lograr un cambio real es la tarea revolucionaria.

Entre las muchas cosas que el enfoque marxista deja sin explicar se encuentra ésta: la desigualdad del desarrollo económico de las distintas sociedades, en el espacio y en el tiempo.

Como caso particular, Marx deja sin explicar la evolución histórica absolutamente singular de Occidente.

El mundo greco-romano desarrolló un aparato intelectual en todo sentido comparable al que poseía Occidente en el siglo XVII. Sin embargo, en lugar de operar una revolución industrial, el mundo greco-romano fue perdiendo vitalidad y terminó hundiéndose en la ciénaga del Bajo Imperio, bajo el peso insoportable de… –¡atención lector uruguayo!– bajo el peso insoportable de una desmesurada burocracia.

China posee una civilización cuya edad cuadriplica la de Occidente. Las condiciones políticas e intelectuales del progreso económico estaban dadas desde tiempos remotos. Sin embargo, cuando Occidente entra en contacto con China en el siglo XIX se encuentra con una sociedad esclerótica, que había relegado toda noción de desarrollo a un olvido milenario.

Para BUSQUEDA es transparente que hay un conjunto de ideas, actitudes, valores, en una palabra, una cultura, que conlleva el desarrollo económico para las sociedades en las cuales ella alienta, y una variedad de culturas que producen resultados que fluctúan entre el estancamiento y la franca regresión.

Nuestra propuesta para superar el estancamiento económico uruguayo no radica en el ensayo de ningún esquema abstracto y más o menos utópico. Radica, en cambio, en buscar el secreto de nuestro perdido dinamismo en las raíces de la cultura a que pertenecemos.

Ello implica vemos a nosotros mismos como ocidentales, sentirnos herederos de una cultura que trasciende vastamente los límites histórico-geográficos de nuestra patria. Eso de la “mística de la orientalidad” suena muy bonito. Pero es imperioso que tomemos conciencia de nuestra occidentalidad fundamental.

Lo que debe cambiar es, pues, la cultura. El conjunto de ideas, valores, actitudes y preferencias que moldean la acción del gobierno, de los grupos privados, de los individuos.

¿Cómo puede conseguirse ese cambio, que es al mismo tiempo una restauración?

En todo cambio histórico puede discernirse las influencias de las fuerzas colectivas y la acción de los individuos.

El liderazgo, la individualidad egregia actuando sobre la historia, es una variable aleatoria. No podemos influir sobre ella, estrictamente hablando. A la corta, cabe decir de un país que ha sido al respecto más o menos afortunado. A la larga, en cambio, cuando entra a juzgar la ley de los grandes números, la variable aleatoria alcanza una distribución normal, dentro de la cual las individualidades egregias, prácticamente podemos asegurarlo, están en alguna medida presentes.

Pero la eficacia del liderazgo dependerá en gran medida de la apertura de la sociedad a su influjo. En ese sentido, sí es posible influir sobre ella o, mejor dicho, sobre sus efectos. Es posible, diciéndolo con la imagen bíblica, enderezar los caminos del líder que ha de venir.

BUSQUEDA piensa que su misión consiste en contribuir al logro de la adecuada apertura de la comunidad uruguaya para el momento en que la variable aleatoria alcance (como podemos descontar que ocurrirá) el nivel adecuado.

Se trata de un gran desafío, porque ante la individualidad descollante, y ante cualquier propuesta que comporte imaginación, audacia, originalidad, nuestro medio persiste en oponer una clausura recalcitrante.

“Ahora es diferente”, proclama la propaganda oficial. Viendo a la burocracia más pujante que nunca, y al dirigismo anulando como siempre todo impulso creativo, y al país cada vez más exagüe, se nos antoja que más apropiado que ese “slogan” fuera adaptar el de otra publicidad actual y declarar en vez: “El Estado paternalista: lo que no se cambia”.

El desafío es, en verdad, grande. Preciso será, pues, redoblar el esfuerzo, y no cejar en la lucha.


La industrialización de (Gran Bretaña)… pudo progresar a pasos de gigante tan pronto como la filosofía del “laissez faire” logró abrir las puertas al capitalismo…

La “edad de las máquinas”, contrariamente a lo que Sombart afirma, no surgió porque de pronto una específica mentalidad adquisitiva se apoderase de ciertas almas, provocando la aparición del “hombre capitalista”. Siempre hubo, por el contrario, personas deseosas de cosechar ganancias a base de acomodar la producción a los deseos y apetencias de los consumidores. Tales productores, sin embargo, hallábanse, en la era precapitalista, atados de pies y manos a causa de las ideologías imperantes, condenatorias del afán de dinero y respaldadas por las consiguientes reglamentaciones públicas.

 

LUDWIG VON MISES, La acción humana

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