¿Qué nos muestra un vistazo al nivel de los precios desde nuestra independencia?
Una primera etapa, de algo más de un siglo, nos muestra una notable estabilidad. Estabilidad, en el mundo real, no quiere decir 0 o/o de crecimiento del nivel de los precios, sino períodos de alzas y bajas, casi siempre suaves, que se compensan recíprocamente. Fuera de la Primera Guerra Mundial y sin coletazo posterior, los precios se movieron a una tasa del orden del 2 o/o o menos. En 105 años, sin descontar los de guerra, hubo dos períodos de alza de precios, que totalizaron 58 años, y se compensaron mutuamente en conjunto de manera completa, dejando el nivel de precios en 1935 a la misma altura de 1830.
Metodología
Como se imaginará el lector, no todas las afirmaciones que podamos formular sobre los precios de nuestro pasado conllevan el mismo grado de certidumbre. Desde 1914 tenemos índices de precios de consumidores publicados por la Dirección General de Estadística y Censos. Antes de eso, hemos estimado la variable conforme a la metodología que enseguida exponemos.
La base del cálculo consiste en la utilización de los precios de mayoristas en oro de cuatro países con los cuales el Uruguay tenía intensas relaciones comerciales: Reino Unido, Francia, EEUU y Alemania. Tomando el quinquenio 1880 - 84, sobre el que Eduardo Acevedo nos suministra la información pertinente, encontramos que las importaciones uruguayas de ese origen suman en los distintos años entre el 62 y 55 o/o y promedian el 59,4 o/o del total.
El primer supuesto del método seguido consiste en aceptar que un promedio ponderado de las cuatro series de precios (coeficientes respectivos: 0,471; 0,276; 0,115; 0,138) representa adecuadamente los precios externos que enfrentaba el Uruguay.
El segundo supuesto, apoyado en la considerable apertura de la economía uruguaya en la época correspondiente, consiste en identificar los precios externos con los internos. Es decir que presumimos que los bienes no internacionalmente comerciables se comportaban en líneas generales igual que los comerciables.
Las principales reservas que cabe formular respecto de los resultados son las siguientes:
1 — No se toma en cuenta la variación en los costos de transporte, que fue sin duda significativa en el período 1830 - 1913.
2 — No se toma en cuenta la variación del arancel aduanero en ese lapso, que también fue importante.
3 — No se toma en cuenta de manera especial el precio interno de la carne vacuna, que debe haber subido apreciablemente a medida que se desarrollaron las exportaciones de carnes saladas primero, y refrigeradas más adelante.
La primera carencia del método tendería hacia un sesgo alcista de la estimación y los otros dos hacia sesgos bajistas. Puede haber habido algo de recíproca compensación y en todo caso, todos los cambios en juego es probable que fueran mucho más importantes respecto de los precios relativos entre bienes comerciables y no comerciables internacionalmente que respecto del nivel general de los precios. Lo que es más importante aún, nuestro tema es la comparación entre los primeros cien o ciento cinco años de nuestra vida independiente y el resto hasta hoy, y a propósito de ello las reservas pierden necesariamente casi todo su peso.
Los resultados de la estimación se vierten en la gráfica anexa y las notas que la acompañan.
Las interrogantes que nos deja la gráfica, respecto de las cuales las notas apenas aportan un primer esbozo de respuesta, son:
¿Qué pasó a partir de 1935? ¿O tal vez hacia 1950? Y lo que pasó, ¿por qué aconteció? ¿Cómo es posible que el país se aviniera sin lucha —porque de hecho no hubo oposición ni lucha digna de mención— a perder de manera tan cabal y terminante la estupenda estabilidad que le había caracterizado?
Por la senda que nos trazan estas preguntas hemos de transitar en las próximas notas.