Hace unos días leíamos un análisis de las cifras de la producción industrial que en el primer semestre del año en curso aumentó en volumen físico un 3,7 o/o, respecto al mismo período del año anterior.
El comentrista se encarga en señalar que dicha tasa es superior a la registrada en el primer semestre de 1980, pero inferior a la verificada en los mismos períodos en los años 1979, 1978, y 1977.
Da la sensación que al autor del artículo no le interesó hacer comparaciones más lejanas, es decir con años de la década del '50 o '60, o el primer tramo de la del '70, de manera que sus lectores tuvieran un panorama más completo no sólo de las tendencias de la economía uruguaya en los años recientes, sino también de los vaivenes de los últimos treinta años. Hubieran sido útil asimismo algunos datos de como les va yendo a muchos países occidentales en estos momentos de recesión.
De cualquier forma el articulista se ocupa de destacar que en ese incremento de la producción industrial incidió preponderantemente el aumento registrado en el sector de las industrias alimenticias y concluye que "si el sector "Alimentos" no hubiera tenido, por circunstancias excepcionales, el incremento reseñado y hubiese permanecido sin modificaciones, el área industrial mostraría una tasa negativa, en lugar de 3.7 o/o de aumento señalado por las estadísticas oficiales". Esto es algo así como decir que "si mi abuelo no estuviera muerto, estaría vivo".
Pero el argumento no es nuevo y muchos críticos de la política económica lo vienen haciendo desde hace años. Qué primero fue por el desarrollo de las industrias del cuero, porque si no...; después porque los argentinos vinieron todos a comprar aquí, si no...; un año atrás por la industria de la construcción, pues de otra manera...; y así sigue y suma.
Parece que hay algunos que piensan que el desarrollo económico de un país debe estar basado en el sector con que comenzó a producir, y no vale cambiar de producción. En una palabra si los japoneses se han desarrollado es por las industrias electrónicas, o la relojería, o el sector de la fotografía, y así cualquiera, pero, ¿qué pasó con la producción de seda? se preguntaría el comentarista.
En fin, todo es según el color del cristal con que se mira... pero hay quienes tienen cristales ahumados. De un sólo lado, por supuesto.