Las expectativas, una vez más

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El Ministerio de Economía y el Director de Planeamiento dieron hace pocos días una conferencia de prensa muy importante. Al reseñarla, importa señalar que el miércoles ya el comentario de meses pasados había trazado la agenda de lo que versarían las previsiones y metas del plan económico para el quinquenio del presente gobierno.

Aunque el segundo día dio la impresión de que el documento sería el Plan Quinquenal del presente gobierno, el Ministro Zerbino aclaró en la Conferencia que daría por objeto central el plan económico para el año comprendido entre el 1° de julio de 1985 y el 30 de junio del año siguiente, al fijar una cifra del 80% para la inflación.

Ello no costó a que algún diario titulara "Pautas inflacionarias para 1985 es de 60%". El Ministerio luego aclaró que lo que el Ministro había mencionado era esa tasa para 1984 en relación con 1981 (caída del 4.8% anual).

Esta fuente de potenciales confusiones está presente. Prever 60% de inflación para 1985, con 20% en el primer cuatrimestre, implicaría una flagrante falta de seriedad. Pondría al gobierno por otra parte en una posición frontal con estimaciones realizadas por otros economistas, que pueden hallarse mucho más cerca de compatibilizarse si aquél está hablando del "año programa 1985-86" y éstos al año en curso.

Con respecto al déficit ocurre algo semejante. Según el propio Ministro Zerbino, el déficit consolidado del sector público alcanzó al 10% del producto en 1984. En el primer trimestre del corriente año el déficit del sector público no financiero estuvo (sobre datos ajustados estacionalmente) más de un 10% por encima de la media trimestral del año pasado. Frente a ese hecho —claramente no imputable a la presente administración— la proyección del Ministro parecería excesivamente optimista respecto del "año programa".

Luego de la aclaración, un periódico de la prensa no contribuyó a disminuir la transparencia del mensaje, tampoco sus emisores observaron siempre una conducta meticulosa.

La variable crucial del déficit que mereció nuestra atención fue la siguiente. De la posición del Ministro Zerbino, leemos lo que podemos presumir como transcripción textual que dice así: "En lo que hace al financiamiento del déficit del sector público importa señalar que el mismo se ubicaba en el orden de los US$ 800 millones. Se propone un abatimiento de alrededor de US$ 300 millones, para lo cual se contará con recursos de organismos internacionales de crédito y fondos frescos de los bancos."

El pasaje versa inequívocamente sobre la financiación del déficit. Sin embargo, como todo déficit debe financiarse, la referencia al abatimiento del financiamiento implica el abatimiento del déficit. La referencia a US$ 800 millones presumiblemente representa el 10% del PBI. El 6% sería de US$ 300 millones, lo que dicho sea de paso supone que, en lugar de "abatimiento de gastos", se necesitan también más ingresos fiscales.

Convendría aclarar todo esto, y además otra cosa. No nos cabe duda de que el Ministro anunció la meta de una reducción genuina del déficit del sector público consolidado, del 10 al 6% en el "año programa". Anunció asimismo una meta de crecimiento del producto entre 2 y 4%. (El objetivo del 4% que mencionó el Director Davrieux lo entendemos referido a la tendencia en el quinquenio de gobierno.)

Pensamos que el gobierno debería informar en qué medida la reducción proyectada del déficit depende del crecimiento del producto en ese lapso. Si nosotros aceptáramos como un dato la meta de crecimiento del producto, digamos al 4% en términos reales, preveríamos un incremento de la recaudación tributaria del orden del 8%, y ello borraría un punto del déficit en términos del PBI, o sea resolvería el 25% del problema.

La dificultad radica en que un crecimiento del 4% es mucho más creíble con un déficit del 4 que del 10%, y con el consiguiente abatimiento de la inflación, y entonces se nos plantea como problema saber si es legítimo tomar como un dato para prever la inflación un logro que supone que los agentes creerán que la inflación prevista de esa manera va a concretarse.

Para que haya crecimiento real e inversión, la tecnología no se ha renovado desde 1981, y la constelación de productos que demandan los mercados no ha permanecido constante. Todo ello debe hacer necesaria cierta inversión, para que los esfuerzos diplomáticos de las autoridades para abrir los caminos que llevan a los mercados puedan fructificar. Y para que haya inversión tiene que haber un programa general, no sólo económico, que sea creíble.

Y ante todo, que la cuestión del endeudamiento externo tenga solución definitiva. Buena o mala solución, primero, que para nosotros significa solución moderada; pero sobre todo una solución que la gente perciba como final, sin lo cual la parálisis continuará.

Asimismo, que el Ministro de Trabajo participe en las conferencias que el llamado equipo económico conceda en el futuro a la prensa. El Ministro de Trabajo es un integrante importante del equipo económico.

Carece de sentido hacerle hablar a los trabajadores mientras el Ministro de Economía y el Director de Planeamiento le hablan a los empresarios. No se puede invertir sin tener una idea de lo que va a acontecer en el futuro, en relación a una cantidad de variables y parámetros. Entre éstos el costo de la mano de obra ocupa un lugar importante. El costo de la mano de obra depende de la capacidad que tenga el empresario para dirigir y motivar a sus trabajadores. El costo de la mano de obra depende asimismo de las instituciones que rijan la terminación del contrato de trabajo, y de la fuerza negociadora que las instituciones confieran a los sindicatos.

Sobre estas cuestiones, así como sobre el grado irrenunciable del déficit y sobre el impacto que las medidas dirigidas a resolver el problema del endeudamiento externo surtirán sobre el sistema financiero y la moneda, el grado de incertidumbre nos parece tan alto que es crítica que se le confiera efectos inhibitorios sobre la inversión y el crecimiento.

Ello nos hace ser optimistas respecto a que la conferencia inicial contará con las ampliaciones y aclaraciones a que nos hemos referido.

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