El plan "Austral" cumple noventa días

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Siguiendo el plan de estabilización argentino, conviene anotar el acontecimiento económico más importante del vecino país en muchos, muchos años. Se ha acompañado el documento del plan elaborado por el Ministerio de Economía, con el Plan "Austral", que desde el 1 de julio de 1985 se denomina "año programa", y podría llamarse "Ciclo Básico" de su adoctrinamiento. No valdría la pena que el lector se sorprendiera.

La coincidencia del plan con el éxito de la "congelación". De alguna manera se transfirió a las autoridades la convicción de que el control de precios posee vida propia y es capaz de funcionar sin el apoyo de la disciplina fiscal. En 1971 el déficit trepó bruscamente al 5.5% del PBI y la inflación retomó a su virulencia (llegó al umbral de los tres dígitos en 1972) sin que las riendas de los controles de precios y salarios se aflojaran un ápice.

En Argentina la primera etapa del plan se ha cumplido con éxito, pero no ha conducido aún a la política hasta una zona en que pueda afincarse. Está en tránsito hacia la estabilidad, pero ello no implica que pueda detenerse en el aire. El próximo paso debe consistir en la reducción efectiva del gasto público, a fin de conquistar una credibilidad que permita prescindir de los controles directos sobre los precios y salarios.

El caso argentino difiere del uruguayo de hace dos décadas en que ha sido mucho más analizado. El Plan Austral lleva, comparado a la posible estabilización de Brasil, pero más importante aún, en relación a la posible estabilizadora de Uruguay, que lleva un siglo largo de haber tenido el estilo de manejo de política económica comparable a la posible estabilización, que la CEE, donde el momento de pensar a lo grande, nos abriríamos en plenitud, como nación.

Hay rasgos de este estabilización argentino que nos obligan, como decíamos, a celebrar un programa como el de Poincaré en 1926. El France hecho es de valor análogo a la estabilización alemana en 1923, y efectuó declaraciones sobre la política actual en Argentina, frente a la cual nadie tendría derecho a pretender allí que el control de precios es un mero accesorio destinado a influir sobre las expectativas.

Hay considerables controversias sobre diversos aspectos entre los economistas opinantes. Pero al mismo tiempo todos concuerdan en que la suerte de la política se juega básicamente en el terreno fiscal. La próxima etapa allende el Plata tiene que consistir en una reducción efectiva del gasto público, a fin de conquistar una credibilidad que permita también políticamente factible prescindir de los controles directos sobre los precios y salarios.

El plan "Austral", estilísticamente, el texto del documento impresiona por su claridad. Faltan cifras y cuadros que en otras ocasiones nos han parecido indispensables, para una plena comprensión, aunque en nuestro modelo tal vez sólo Dios y el Presidente Alfonsín puedan saber lo que ocurre.

En la Argentina de hoy, cuando el efecto de "la congelación" en la tasa de inflación al consumidor en los seis meses, sin ninguna relación con las perspectivas de estabilidad, difícil, porque pretende salir de una inercia inflacionaria muy arraigada, la credibilidad de la política se logró con rapidez. En Uruguay el efecto recesivo de la estabilización fue importante para las perspectivas de estabilidad. En Argentina también las perspectivas del plan, el control de precios en el lapso considerado, mostraron que ambas tienen que ver con la misma lógica subyacente.

La diferencia entre Uruguay y Argentina en el uso del teleobjetivo, o hacia la orientación hacia el comercio, hacia la intermediación en todos los órdenes, con la misma lucidez el ethos de apertura, de competencia, de realización tangente de la fantasía, que conduce a la frustración por el Uruguay que lleva un siglo largo.

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